
Si consigue formar talentos, albergar competencias y, sobre todo, integrarse a la vida cotidiana de los hermosillenses, entonces no solo estaremos hablando de una obra exitosa, sino de un legado.
Porque al final, las canchas se construyen con concreto, pero las historias que ahí nacen —esas— se escriben con esfuerzo, disciplina y sueños.