
Enfermedades cardiacas o pulmonares congénitas, crónicas y otros
padecimientos que se acompañen del consumo prolongado de salicilatos en enfermedad cardiovascular, excepto hipertensión arterial esencial,
insuficiencia renal,
personas con inmunosupresión congénita o adquirida por enfermedad o por
tratamiento,
cáncer y
personas que viven con VIH/sida.