Hacia una Ley de Protección al Periodista en Sonora
Por : Manuel Fernando López
Desde siempre, quienes integramos el gremio periodístico, llevando infinidad de mensajes de los integrantes de los poderes Ejecutivo, Legislativo y judicial, amén –y, este es el principal para quienes se precien ser reporteros – de la sociedad, de aquellos sin voz, para los eternos olvidados por quienes detentan el poder, hemos sido los más desprotegidos, los más débiles y, por desgracia la más de las veces victimizados.
Paradojas increíbles las que sufrimos: “cubrimos”, infinidad de veces, manifestaciones, marchas, protestas en contra de injusticias laborales de empleados y obreros ; los hemos defendido en nuestros respectivos espacios periodísticos, mientras en casa, en nuestras empresas, carecemos de prestaciones laborales y, demás beneficios que otorga ley.
Lo anterior, más que nada se vive a diario en las empresas concesionarias de radio; con sueldos miserables –cuando los otorgan—mientras por los micrófonos y mediante diversos anuncios, convocan a la sociedad a defender sus derechos y, demandar injusticias.
Hoy, en el Congreso del Estado, tal situación puede revertirse, siempre y cuando nuestro gremio sepa unirse y hacerse eco del clamor de la diputada coordinadora de la fracción parlamentaria de Morena, Ernestina Castro Valenzuela para conformar juntos, la tan ansiada ley de protección a los periodistas.
Bien lo dijo, Omar de la Vara Salazar, en su intervención, sobre el drama de muchos colegas que han dejado toda una vida como reporteros y, quienes al final del camino, han partido a sus casas sin nada que llevar para los suyos, salvo infinidad de recuerdos y, sus eternas acompañantes, las lágrimas.
Cero seguridad social en caso de enfermedad, adiós a pensiones, ya no digamos dignas, sino las que establece la ley, muchos de estos mensajeros olvidados del IMSS, de acceso a viviendas del Infonavit y, con la vejez encima con todas sus secuelas.
Sueldos bajos, falta de prestaciones sociales, jornadas extenuantes y en algunos de los casos sin garantías laborales, es parte de las dificultades que enfrenta desde hace muchos años el reportero de diario.
Conscientes de la larga fila que hay detrás de él, patrones y comunicadores saben que “hay que dar el extra”. No debe haber enfermedad, pandemias o problemas familiares que impidan que se presente puntual a laborar.
Las condiciones son aceptadas por el reportero y se ha hecho compromiso con las empresas de manera responsable, incluso cuando en su libreta se lleva encargos con preguntas rudas a las que hay que poner una cara.
Pero una vez que, a la empresa, para acordar sus convenios económicos ya le estorba “el gatillero”, lo lanza al desempleo.
Algunas liquidan en el mejor de los casos, otras como se dice: “le dan infierno”, dejándolo sin día de descanso, con jornadas largas y sin pago de horas extras, esperando a que la dignidad haga lo suyo.
Es irónico, el reportero denuncia injusticias de los diversos sectores de la sociedad, con ello ha contribuido a su solución, pero al momento de intentar defenderse ya sea por cualquier vía, incluida la legal, enfrenta la amenaza social de ser “fichado” o tratado como conflictivo y no contratado.
Entre la espada y la pared, el apasionamiento y amor por la profesión para la cual se preparó y nació, es lo que favorece a su permanencia y quien se ha retirado, lo han hecho con las manos vacías en enfermedad o muerte.
Por ello, las empresas de comunicación que cuenta con recursos económicos, deben de recordar que el reportero es una persona con necesidades económicas y que depende sólo de su salario.
Pese a la experiencia, la responsabilidad y el amplio currículum que pueda tener un reportero, los medios de comunicación no se comprometen a mejorar las condiciones salariales, lo que ha orillado al comuni